Mercé Brey. Socia Más Diversity

La inclusión es ese sentimiento de pertenencia a un grupo que es indispensable para desplegarnos y mostrar nuestro potencial. Cuando las empresas son capaces de generar ese espacio que permite la escucha auténticamente, tanto lo que es común como lo diferente, se convierten en organizaciones más preparadas para gestionar la incertidumbre de lo que está por venir, consiguiendo avanzar en la Diversidad y logrando ampliar Inclusión.

Para que esa inclusión se convierta en algo real en los equipos de trabajo, es preciso crear una Zona de Seguridad Psicológica (ZBS), es decir, un espacio donde las personas no teman las relaciones interpersonales y se sientan lo suficientemente confortables para mostrarse tal y como son. La creación de este espacio requiere de la voluntad de todas las personas que conforman el grupo y, muy especialmente, del trabajo facilitador de quien lo lidera.

¿Qué no es una ZBS? 

Muchas veces se confunde esta práctica con un exceso de tolerancia o benevolencia. Pero esta percepción es errónea, ya que no se trata tanto de evitar el conflicto sino de aprender a gestionarlo. Tampoco se trata de que las personas se vuelvan extrovertidas sino de que las que son extrovertidas y las introvertidas convivan. 

Del mismo modo, no tiene nada que ver con bajar el nivel de desempeño sino todo lo contrario: es habitual que las personas, al sentirse reconocidas y valoradas, se comprometan con mayor facilidad en pro de un reto común. Para que la inclusión sea una realidad en los equipos de trabajo es preciso crear una Zona de Seguridad Psicológica (ZSP) en la que las personas no teman las relaciones interpersonales

Los tres pilares de la ZBS

Para construir esa ZBS se deben sustenta en tres pilares fundamentales: 

  1. Confianza: Entendida como confianza en las otras personas y también en las propias capacidades. Es relevante el hecho de que cuando la confianza escasea aparece el control. Y a mayor control más inhibición en las personas. Por el contrario, cuando la confianza es la total, los pensamientos estereotipados que proyectamos en las otras personas tienden a suavizarse. 
  2. Respeto. Me refiero específicamente a practicar esa mirada sincera y curiosa hacia las otras personas que se traduce en reconocimiento y aceptación de aquello que nos diferencia. 
  3. Imparcialidad: Se puede resumir en “a mismo talento, mismas posibilidades”. La presencia de este elemento es imprescindible si queremos desterrar la discriminación, en cualquiera de sus formulaciones. 

¿Cómo lo medimos? Para cuantificar la ZBS, una solución es hacerlo es a través de un sencillo cuestionario que permite a las personas de un equipo reflexionar sobre cómo se relacionan entre sí. Puede hacerse de forma anónima, para recabar la información, o bien plantearlo como una actividad de debate y co-creación. Algunas de las preguntas que podrían plantearse son:  Cuando yo o una persona del equipo comete un error, ¿se vuelve en mi/ su contra?, ¿siento que puedo comentar abiertamente problemas y asuntos delicados?, ¿me siento lo suficientemente segura, seguro, como para asumir riesgos?, ¿creo que mis aportaciones son tenidas en cuenta? 

Inclusión, el único camino de las empresas 

Podemos teorizar en torno a la inclusión pero lo más importante es tener en cuenta que la inclusión es una actitud. Es un comportamiento que se sustenta en la empatía, la tolerancia y la flexibilidad necesarias para adaptarnos emocionalmente a lo que nos circunda. Además, es ver y reconocer a la otra persona en su singularidad, es dejar espacio a lo genuino de cada quien y es, en definitiva, aprender que la diferencia suma.